jueves 29 de noviembre de 2007
lunes 1 de octubre de 2007
"Camino al olvido"

Preámbulo
El día que llego estaba inconsciente, luego al despertar se negó a darme su nombre, hasta que el mismo lo anoto en una servilleta con una letra manuscrita envidiable: Bernard Abélard Bonheur. Un joven de unos veinte y ocho años, de tez blanca, unos ojos color miel, que reflejan el sufrimiento que se oculta en su alma, están enmarcados por unas largas pestañas negra, sus facciones son realmente hermosas y masculinas, no he tenido la oportunidad de verle en pie, pero al parecer es un joven en extremo alto. He tenido varias veces la placentera oportunidad de cepillar sus largos y sedosos cabellos castaños.
Durante el tiempo que estuvo inconsciente todas las enfermeras querían ir a ver al “Príncipe durmiente”, por eso, y otras cosas, me sentía realmente afortunada por poder ser quien tenia la obligación de cuidar de el. Pero luego de despertar, una semana después de su llegada, me he dado cuenta que cada día esta más melancólico, como si quisiera confesar un crimen atroz. Mientras cuidaba de el también me hacia cargo de una pequeña niña, de nueve años, a ella le encantaban los cuentos, pero en especial decía que le fascinaba uno sobre una niña que viajaba por el mundo para encontrar el amor perdido no de ella sino de su mejor amigo que había caído en un largo y frío sueño. Como la pequeña no recordaba el cuento yo le escribí uno, no muy elaborado a mi parecer. Ese día le terminaba de leer, mi versión de ese cuento, a una maravillada Raquel quien no cabía en si de gozó, por mi parte me sentía algo avergonzada por estar engañándola tan descaradamente
“…y así fue como luego de tantos sufrimientos Raquel logro encontrar a Mercedes, quien en todo su dolor logro encontrar el alma perdida de su amado Rubén. Fin”¿te gusto Raquel?-le pregunte algo indecisa.
-¡claro señorita Calixto, me encanto!- no podía creer lo feliz que se mostraba aquella niña. Luego de terminar de comentar aquella historia Raquel se quedo profundamente dormida.
-La Luna esta hermosa esta noche ¿no crees?- fueron las primeras palabras que me dijo aquel paciente,”El príncipe durmiente”, en cerca de tres meses de completo silencio.
-Si esta realmente bella- no podía creer lo hermosa que es su voz, era perfecta para lo bello de su cuerpo, que como su enfermera ya conocía muy bien, que no podía mirar sin ruborizarme.
- La inventaste tu ¿cierto?- me miro con sus ojos llenos de reproche- entiende que si sale de aquí puede leer esa historia nuevamente notando el engaño y no volverá a creerle ni a usted ni a nadie- prosiguió ante mi rostro ensombrecido- debe saber que la mente de los niños es muy frágil.
-Lo tengo mas que claro eso señor pero no podía desilusionar a la niña, la historia que me pidió ya no esta en ninguna parte- sus ojos dejaron ver una exclamación de duda- porque las autoridades consideraron que no era bueno para los niños
-¿y usted es una anarquista?- su expresión burlona era realmente irritante ¡jamás lo vi tan activo, era desesperante!
-¡claro que no pero mi deber es que estén ustedes lo mejor posible tanto anímica como físicamente!- me sorprendió lo rápido que consiguió desesperarme. Mientras el no parecía sorprendido de mis palabras.
-si es así lo que usted dice le pediré un gran favor- por su expresión me di cuenta que el lo había pensado todo lo referente a nuestra platica. Era realmente increíble este hombre, desesperante, si, pero increíble.
-¿Lo tenia todo planeado señor?- no pude contener mi molesta curiosidad. El solo respondió con una sonrisa traviesa, que le embellecía aun más- pero dígame ¿que quiere que haga?
-Pese a ser una embustera me gusto como escribe señorita Calixto- sus palabras se suavizaron- deseo que escriba algo para mi.
-no me haga reír me esta tratando de embustera ¿y quiere que le haga semejante favor?- mi tono estaba lleno de enojo- ¡busque a otra enfermera que desee escribirle algo pese a sus insulto señor Bonheur!-sentí una cólera enorme brotar en cada palabra- este será un hospital humilde señor Bonheur pero cada funcionario tiene su dignidad bien puesta así que para conseguir algo de nosotros debe ser respetuoso-Dicho esto me di me día vuelta y me dispuse a salir de la habitación. De pronto sentí que jalaban de mi delantal. Era Raquel con sus ojitos embargados por lágrimas.
- no, señorita Calixto no se enoje con Bernard el no es malo- su pequeño rostro lo desfiguraba la angustia, yo no entendía porque se preocupaba tanto por alguien que en tres meses no le había dirigido la palabra- yo, yo sabia que el cuento lo invento usted- quede fría al escucharla decir eso- pero a mi de verdad me gusto.
-¿Por qué lo defiendes Raquel?
-porque el me contó el cuento que yo quería escuchar y porque…-no daba crédito a las palabras de Raquel, el le hablaba a ella, le contaba cuentos. Ella lo miraba lo sabia pero yo no dejaba de observarla a ella- ¡porque el llora cuando no lo vemos…todas las noches lo escucho llorar!
Cuando Raquel callo lo mire no intento callar a la niña, parecía tan asombrado como yo.
-gracias Raquelita, pero no tenias porque decir eso- Me parecía más triste y solo que nunca- yo…quería pedirte que escribas lo que yo no tengo el valor para llevar al papel
- esta bien, pero lo haré por Raquelita- en realidad fue el quien doblego con su profunda soledad- y ¿Qué quieres que escriba?
-mi historia… mi historia y la de las personas que mas he amado nunca en mi vida- esas palabras parecen haberle dañado hondamente, lo se por sus lagrimas que brotaron en forma caudalosa- quiero que alguien sepa como les arruiné sus vidas y la mía.
-¿crees que te hará bien hacer eso?- no pude disimular mi preocupación.
-claro que se todo el daño que me hará, pero tengo que contarle a alguien todo el dolor que cargo, para poder superarlo y olvidarlo…
Fue así como me comprometí a dar a conocer su historia, la historia de uno de mis pacientes, una historia que da comienzo cuando llega a su final.
El día que llego estaba inconsciente, luego al despertar se negó a darme su nombre, hasta que el mismo lo anoto en una servilleta con una letra manuscrita envidiable: Bernard Abélard Bonheur. Un joven de unos veinte y ocho años, de tez blanca, unos ojos color miel, que reflejan el sufrimiento que se oculta en su alma, están enmarcados por unas largas pestañas negra, sus facciones son realmente hermosas y masculinas, no he tenido la oportunidad de verle en pie, pero al parecer es un joven en extremo alto. He tenido varias veces la placentera oportunidad de cepillar sus largos y sedosos cabellos castaños.
Durante el tiempo que estuvo inconsciente todas las enfermeras querían ir a ver al “Príncipe durmiente”, por eso, y otras cosas, me sentía realmente afortunada por poder ser quien tenia la obligación de cuidar de el. Pero luego de despertar, una semana después de su llegada, me he dado cuenta que cada día esta más melancólico, como si quisiera confesar un crimen atroz. Mientras cuidaba de el también me hacia cargo de una pequeña niña, de nueve años, a ella le encantaban los cuentos, pero en especial decía que le fascinaba uno sobre una niña que viajaba por el mundo para encontrar el amor perdido no de ella sino de su mejor amigo que había caído en un largo y frío sueño. Como la pequeña no recordaba el cuento yo le escribí uno, no muy elaborado a mi parecer. Ese día le terminaba de leer, mi versión de ese cuento, a una maravillada Raquel quien no cabía en si de gozó, por mi parte me sentía algo avergonzada por estar engañándola tan descaradamente
“…y así fue como luego de tantos sufrimientos Raquel logro encontrar a Mercedes, quien en todo su dolor logro encontrar el alma perdida de su amado Rubén. Fin”¿te gusto Raquel?-le pregunte algo indecisa.
-¡claro señorita Calixto, me encanto!- no podía creer lo feliz que se mostraba aquella niña. Luego de terminar de comentar aquella historia Raquel se quedo profundamente dormida.
-La Luna esta hermosa esta noche ¿no crees?- fueron las primeras palabras que me dijo aquel paciente,”El príncipe durmiente”, en cerca de tres meses de completo silencio.
-Si esta realmente bella- no podía creer lo hermosa que es su voz, era perfecta para lo bello de su cuerpo, que como su enfermera ya conocía muy bien, que no podía mirar sin ruborizarme.
- La inventaste tu ¿cierto?- me miro con sus ojos llenos de reproche- entiende que si sale de aquí puede leer esa historia nuevamente notando el engaño y no volverá a creerle ni a usted ni a nadie- prosiguió ante mi rostro ensombrecido- debe saber que la mente de los niños es muy frágil.
-Lo tengo mas que claro eso señor pero no podía desilusionar a la niña, la historia que me pidió ya no esta en ninguna parte- sus ojos dejaron ver una exclamación de duda- porque las autoridades consideraron que no era bueno para los niños
-¿y usted es una anarquista?- su expresión burlona era realmente irritante ¡jamás lo vi tan activo, era desesperante!
-¡claro que no pero mi deber es que estén ustedes lo mejor posible tanto anímica como físicamente!- me sorprendió lo rápido que consiguió desesperarme. Mientras el no parecía sorprendido de mis palabras.
-si es así lo que usted dice le pediré un gran favor- por su expresión me di cuenta que el lo había pensado todo lo referente a nuestra platica. Era realmente increíble este hombre, desesperante, si, pero increíble.
-¿Lo tenia todo planeado señor?- no pude contener mi molesta curiosidad. El solo respondió con una sonrisa traviesa, que le embellecía aun más- pero dígame ¿que quiere que haga?
-Pese a ser una embustera me gusto como escribe señorita Calixto- sus palabras se suavizaron- deseo que escriba algo para mi.
-no me haga reír me esta tratando de embustera ¿y quiere que le haga semejante favor?- mi tono estaba lleno de enojo- ¡busque a otra enfermera que desee escribirle algo pese a sus insulto señor Bonheur!-sentí una cólera enorme brotar en cada palabra- este será un hospital humilde señor Bonheur pero cada funcionario tiene su dignidad bien puesta así que para conseguir algo de nosotros debe ser respetuoso-Dicho esto me di me día vuelta y me dispuse a salir de la habitación. De pronto sentí que jalaban de mi delantal. Era Raquel con sus ojitos embargados por lágrimas.
- no, señorita Calixto no se enoje con Bernard el no es malo- su pequeño rostro lo desfiguraba la angustia, yo no entendía porque se preocupaba tanto por alguien que en tres meses no le había dirigido la palabra- yo, yo sabia que el cuento lo invento usted- quede fría al escucharla decir eso- pero a mi de verdad me gusto.
-¿Por qué lo defiendes Raquel?
-porque el me contó el cuento que yo quería escuchar y porque…-no daba crédito a las palabras de Raquel, el le hablaba a ella, le contaba cuentos. Ella lo miraba lo sabia pero yo no dejaba de observarla a ella- ¡porque el llora cuando no lo vemos…todas las noches lo escucho llorar!
Cuando Raquel callo lo mire no intento callar a la niña, parecía tan asombrado como yo.
-gracias Raquelita, pero no tenias porque decir eso- Me parecía más triste y solo que nunca- yo…quería pedirte que escribas lo que yo no tengo el valor para llevar al papel
- esta bien, pero lo haré por Raquelita- en realidad fue el quien doblego con su profunda soledad- y ¿Qué quieres que escriba?
-mi historia… mi historia y la de las personas que mas he amado nunca en mi vida- esas palabras parecen haberle dañado hondamente, lo se por sus lagrimas que brotaron en forma caudalosa- quiero que alguien sepa como les arruiné sus vidas y la mía.
-¿crees que te hará bien hacer eso?- no pude disimular mi preocupación.
-claro que se todo el daño que me hará, pero tengo que contarle a alguien todo el dolor que cargo, para poder superarlo y olvidarlo…
Fue así como me comprometí a dar a conocer su historia, la historia de uno de mis pacientes, una historia que da comienzo cuando llega a su final.
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